GESTIONAR O GOBERNAR
El resultado de las pasadas elecciones generales fue un alivio para la gran mayoría de los españoles, votantes o no del Partido Popular. Esa holgada mayoría absoluta debía significar el final de un período de la Historia de España repleto de casos de corrupción, mentiras y otras muchas circunstancias conocidas por la mayoría.
En breve hará un año que finalizó el escrutinio y seguimos con la misma hoja de ruta o peor en muchos casos. Se tiene la sensación de que no se está haciendo nada o es insuficiente o se tiene ese maldito complejo de inferioridad que ha observado con resignación la derecha española.
Es evidente que con esos resultados en los comicios generales Rajoy podría haber puesto las pilas a su Gobierno y haber hecho mucho más. Pero en lugar de dar ese paso adelante, da la sensación de que ha sido atrás y se han asumido muchas de las miserias de los gobiernos de Zapatero y Rubalcaba.
Imagino que el Sr. Rajoy y sus barones sabrán hacia donde caminan. No han explicado aún con claridad lo que se encontraron al llegar al Gobierno y levantar las alfombras. Casi un año después hay muchas cosas por afrontar y una que cada día preocupa más por lo que nos está costando a todos los españoles: las cajas de ahorro y la banca en general. Incluso, hay que decirlo, los propios votantes, simpatizantes y militantes del PP empiezan a perder la paciencia.
Sr. Rajoy, pongase el mono de trabajo y apriete las tuercas a su entorno, ustedes no están sólo para gestionar, están para GOBERNAR con el respaldo de una solvente mayoría absoluta que como van las cosas dificilmente volverán a obtener. Hay mucha desilusión en la calle, desesperanza en las familias, tristeza en nuestra juventud.
Lean la siguiente carta al presidente del Gobierno y tendrán una clara exposición y análisis de la España de cada día.
¿Cuánto
tiempo mas va a seguir el PP acomplejado, cuánto más seguiremos viendo
como el Partido Popular sigue renunciado a su programa, a sus ideas, a
sus valores y a sus principios éticos o morales?
¿Cuál es la
causa de que el PP en eso que algunos denomináis “el camino hacia el
centro” (somos muchos los que pensamos que habría que denominarlo
“camino hacia ninguna parte”) haya acabado asumiendo que en cuestiones
de moral, de ética, la izquierda tiene poco menos que la exclusiva, y lo
que es mucho peor, haya acabado haciendo suyas las consignas, las
máximas, la retórica vacía de la “progresía”…?
¿Pretendéis, tú y
tus “notables” ocupar el espacio del ya moribundo PSOE, y convertir al
PP en el “Nuevo Partido Socialdemócrata Español”, o algo parecido?
¿Debemos entender que el Partido Popular no hará nada para cambiar la
caótica situación en la que está postrada España… debemos entender que
el PP solo se limitará a “gestionar”?
Entre quienes votaron al
PP, y entre quienes animamos a todo quisqui a hacerlo, en las Elecciones
Generales de hace un año, existía un consenso generalizado respecto de
que estábamos –y aún seguimos- sumidos en un absoluto desgobierno, y que
el partido de José Luís Rodríguez Zapatero y sus diversos aliados nos
habían llevado a un caos de tal magnitud que cada día era más necesaria,
urgentísima, una profunda –radical- respuesta democrática, una política
regeneracionista, dejando a un lado insensateces, indecisiones o
actitudes timoratas…
Frente al desatino, al delirio constante
en el que ha caído la política española y la amenaza a la que se
enfrenta España como Nación, e incluso, posiblemente su Constitución
como salvaguarda de los derechos y las libertades, y lo poco que aún
queda del Estado de Derecho, tú y tu Gobierno prometisteis que ibais a
emprender una política a la manera del “cirujano de hierro” que
proclamaba como necesario Joaquín Costa hace más de un siglo, en su
libro “Oligarquía y Caciquismo como forma de Gobierno en España”.
Fuimos muchos los que confiamos en ti, y nos creímos que “tenías un
proyecto para regenerar España”, y que lo ibas a llevar a la práctica,
sin aplazamientos, con seriedad y sin temores de clase alguna; un
proyecto concreto y claro, y con visión de futuro y de durabilidad…
Pensábamos que tenías un proyecto de regeneración perdurable, con
valores diferenciados, de aquellos de la autodenominada izquierda,
generalmente publicitados demagógicamente y con un bonito envoltorio;
pero opuestos siempre a la auténtica libertad individual y al verdadero
progreso.
Por ejemplo, pensábamos que ibas a abordar la
enésimas veces aplazada Reforma del Poder Judicial, acabar con el
“desgobierno judicial” que actualmente sufrimos. Pensábamos que ibas a
obligar a los jueces a someterse al imperio de la ley (y no al revés) y
que en sus resoluciones respeten escrupulosamente la Constitución, y se
acabe con la sensación general de arbitrariedad e inseguridad jurídicas
que actualmente padecemos. Pues los españoles no merecemos la “injusta
justicia” que padecemos, lenta, cara y arbitraria; pensábamos (¡Qué
ingenuidad!) que ibas a hacer lo posible para acabar con la idea que
tiene la mayoría de los españoles, tanto de la judicatura, como de la
“clase política”, de que son dos castas privilegiadas que gozan de
impunidad e inmunidad absolutas…
También pensábamos que ibas a
emprender acciones para acabar de una vez por todas, con la situación de
transitoriedad en la que España está instalada, en ámbitos en los que
debería haberse ya alcanzado un acuerdo perdurable, un consenso
nacional, un acuerdo de mayorías que asegure estabilidad y durabilidad.
Posiblemente somos el único país occidental que en cada legislatura se
cuestionan el sistema de enseñanza, la política exterior, el sistema
sanitario, el sistema tributario, el modelo de Estado (¿Cuándo se
acabará de configurar el llamado “estado de las autonomías”? ¿Lo verán
nuestros nietos?) ¿Cuándo se dotará al Senado de atribuciones y se
definirá con precisión su finalidad? (Para recochineo no habéis ni
siquiera hecho nada de nada para eliminar la estafa y el bochorno de los
“pinganillos” y los traductores)
Otra cuestión en la que
pensábamos que ibas a actuar de forma clara y valiente, y sin tapujos,
es en lo concerniente a los enormes males que está ocasionando en España
la llamada “perspectiva de género”, y su aplicación (con perversos y
terribles resultados) en las diversas leyes llamadas eufemísticamente
“de igualdad”: Ley del Aborto, Ley de divorcio, ley “integral contra la
violencia de género”, ley de igualdad… Como comprenderás Mariano,
tenemos motivos de sobra para sentirnos especialmente decepcionados.
Mariano, según parece en ese viaje que emprendiste hacia ninguna parte,
estás consiguiendo que el Partido Popular haya dejado de ser un partido
político liberal-conservador, vamos “de derechas”.
Uno de los
grandes logros del “socialismo” ha sido conseguir que a algunas personas
(parece que tú estás entre ellas) les avergüence reconocer públicamente
lo que son y lo que sienten, como si denominarse de derechas fuera algo
deshonroso, denigrante; como si tal cosa fuera una inmoralidad. Somos
muchos los que consideramos que está de más rehuir el apelativo en
cuestión, e incluso dar a entender que es inmerecido e injusto. Está de
más cualquier intento de endulzar nada, de tratar de suavizarlo…
Casualmente los mejores diccionarios, el de la Real Academia Española, y
el “María Moliner” de Uso del Español, no dicen de la palabra
“conservador” que posea connotaciones negativas, conservar es sinónimo
de hacer durar las cosas buenas que se poseen…
Ser “de
derechas” significa abordar las cosas de forma “recta”, sin torcerse
hacia ningún lado, ser justo, razonable, ir derecho a los asuntos (sin
tibiezas ni medias tintas) o actuar con legitimidad…
Presidente Mariano Rajoy,
- Yo soy de los que piensan (y estoy seguro de que son muchos en el
Partido Popular quienes piensan igual que yo) que las personas son los
únicos titulares de derechos. No creo que existan los derechos de la
nación, de la patria, de la colectividad, ni de ninguna clase social. Yo
creo en los derechos de las personas, que no pueden ni deben decaer
ante entelequias que unas veces son mitos, y otras acciones impuestas de
ingeniería social.
- Pues bien, sí ser “de derechas es
oponerse a la supremacía del Estado sobre el individuo, a la reducción
de la persona a simple miembro de una colectividad, oponerse al afán
“igualitarista” en lo moral e ideológico, a la obsesión por la
uniformidad, oponerse a que el Estado se arrogue la potestad exclusiva
de educar al ciudadano, negándole a las familias ese derecho,… Entonces,
me siento especialmente orgulloso de ser de derechas.
- Si ser
de derechas es creer en que los seres humanos son suficientemente
capaces de mejorar su circunstancia personal, promocionar, buscar y
encontrar su propio camino, explorarlo, recorrerlo, llegar a la meta y
hacer de su vida una experiencia apasionante… Sin que el Estado los
tutele, o les proporcione todo lo que solamente se puede llegar a
apreciar cuando se ha conseguido desde el ejercicio del albedrío y la
superación personal… entonces, yo soy de los que se sientes
especialmente orgullosos de ser “de derechas”.
- Si ser de
derechas significa creer en la Libertad, y no en la Igualdad, pues “La
Igualdad” no existe, pues es una cosa infrecuente en el Mundo en el que
vivimos en todos los niveles o escalas, desde el atómico, o subatómico,
al animal, pasando por el celular… pues, insisto, entonces ciertamente
me siento orgulloso, muy orgulloso de ser derechista (y hasta ahora
siempre había pensado que el Partido Popular también lo era…)
-
Si ser de derechas es ser partidario del derecho a la objeción de
conciencia, respecto a cualquier obligación impuesta de manera
arbitraria por el Estado, entonces sin duda alguna me siento
especialmente orgulloso de ello.
- Si ser de derechas es ser
partidario de la libertad de “todas” las personas para fijar su
domicilio en el lugar que les plazca, en cualquier lugar y considerar
obsoleto el concepto de nacionalidad frente al de residencia; entonces
yo soy de derechas, y además a mucha honra.
- Si ser de
derechas significa pensar que la glorificación del Estado del bienestar
ha sido un gran error, y que la universalidad de la sanidad, la
educación, la atención jurídica o la previsión de la vejez son
conquistas irrenunciables, pero que no están siendo gestionadas de la
mejor manera posible; entonces yo también soy de derechas…
- Si
ser derechas es desear una Democracia “más profunda, y permanente”;
profunda en el sentido de que no se dé un cheque en blanco a los
políticos sino un mandato concreto, y permanente porque los actuales
medios tecnológicos permiten frecuentes consultas a la ciudadanía;
entonces, yo sí soy de derechas.
- Si ser de derechas significa
desear un sistema electoral más justo que el actual, matemáticamente
proporcional a lo votado, sin las manipulaciones actuales que propicia
la Ley d’Hondt; entonces, efectivamente yo también soy de derechas.
- Si ser de derechas significa pensar que el Estado no debe financiar
con nuestros impuestos ni a los partidos políticos, ni a los sindicatos,
ni a las patronales, ni a ninguna entidad privada, sino que debe ser la
sociedad la que libremente debe costear a aquellas entidades que
prefiera (siendo fiscalmente desgravables las aportaciones a cualquier
entidad no lucrativa) pues sí, sin duda soy de derechas, de la “derecha
más extrema”.
- Si ser de derechas significa pensar que una
democracia auténtica requiere una Administración de Justicia realmente
independiente, lo cual significa, también estar en contra de que el
nombramiento de los órganos judiciales y de la fiscalía se realicen por
parte del poder ejecutivo o legislativo; entonces soy absolutamente una
persona de derechas.
- Si ser de derechas significa condenar
cualquier clase de violencia, el uso de la fuerza para condicionar la
acción de otros, ya sea el Estado o un particular quien la ejerza; si
ser de derechas significa tener el firme convencimiento de que el
referente moral debe ser la Declaración Universal de los Derechos
Humanos y Civiles, y pensar que toda forma de tortura o trato degradante
(incluyendo la pena de muerte) son absolutamente detestables; entonces
sin duda soy radicalmente, rabiosamente de derechas.
En
definitiva, no tengo ninguna duda de hacerme llamar tal cual me siento y
soy: “de derechas” por aspirar a vivir en una sociedad de hombres y
mujeres responsables de sí mismos (la responsabilidad es la otra cara de
la moneda de la libertad). Una sociedad de seres adultos, soberanos,
autogobernados, una sociedad de personas en la plena extensión de la
palabra, es decir, una sociedad libre.
Pues bien, Mariano, llegados a este punto, me atrevo a preguntarte:
¿Vas a seguir defraudando a la mayoría de los que el 20 de noviembre
del año pasado votaron cambio, una profundísima regeneración que debe ir
más allá de pequeñas y temerosas reformas?
Sería imperdonable, Mariano Rajoy que sigas limitándote a apuntalar el sistema sin ir a la raíz de los problemas.
Mariano, si no tienes lo que hay que tener, más te vale que pases el
testigo a alguien que tenga la valentía suficiente y la altura de miras
que exigen los terribles momentos por los que actualmente atraviesa
nuestra patria, pero decídete ya, antes de que España se convierta
plenamente en un protectorado.
Claro que tal vez esto último
sea la única esperanza que le queda a España, lo mismo quienes vengan de
fuera acaban desalojando de las instituciones a la pandilla de golfos
que nos mal-gobiernan ( a los que tú y tu equipo de gobierno no os
atrevéis a cuestionar, y a los que inexplicablemente seguís
subvencionando de manera incomprensible) tal vez “eso” conduzca a España
a un periodo realmente constituyente, de ruptura con las formas
caciquiles y oligárquicas como forma de gobierno, y acabemos finalmente
homologándonos con los regímenes políticos más avanzados y las naciones
más prósperas de nuestro entorno cultural…
Mientras tanto,
Mariano, ármate de paciencia pues, las algarabías, los alborotos, las
movilizaciones más o menos multitudinarias, aunque de poco o nada
valgan, más allá de expresar el “legítimo derecho al pataleo” van a
seguir un día sí, y el otro también.